Aterradora historia sobre como nuestros antepasados afrontaban las pandemias en el siglo pasado
Hace más de un siglo, los habitantes del Torrevieja vivieron un confinamiento provocado por “la fiebre amarilla”.
El coronavirus, no es la única pandemia que ha sufrido Torrevieja y la comarca de la Vega baja.
Ya en el año 1810, la “peste” o también llamada “fiebre amarilla“, hizo estragos en nuestros antepasados, cuando la población, tuvo que tomar medidas drásticas de confinamiento para evitar su propagación.
Las epidemias y el aislamiento de la población, no son un fenómeno nuevo, es una práctica que tiene 3.000 años, aunque se ha ido sofisticando.
En este video, podemos escuchar un relato de lo sucedido en 1810:
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Historias y anécdotas de Torrevieja, es una recopilación de curiosidades y anécdotas contadas de una forma amena y desenfadada por Antonio Martínez Martínez.
Este libro, fue publicado por el Instituto Municipal de Cultura el 31 de Enero de 2006 en el Palacio de la música de Torrevieja, siendo Eduardo Dolón, el concejal de Cultura.
14 años después, me decido a convertir en sonido e imágenes, el contenido del libro escrito por mi padre, con la esperanza de que sirva de entretenimiento en estos momentos de confinamiento y como una fuente de información para mayores y jóvenes interesados en el pasado de Torrevieja.
Pablo Martínez.
Enterrada en vida
Poco se conoce y menos se recuerda acerca de la epidemia de peste o fiebre amarilla que se declaró en esta comarca en 1.810, causando estragos en las poblaciones circundantes.
La propagación de dicho mal entre los vecinos del pueblo fue mucho menor, motivada en parte por la prohibición del movimiento de gentes hacia y desde las localidades atacadas por la epidemia, decretada por las autoridades sanitarias a fin de evitar el contagio.
Entre otras medidas de precaución se tomó la de no consumir agua sin haberla esterilizado previamente mediante su cocción, recomendándose también la desinfección de viviendas mediante un “desahumo” compuesto por una mezcla de azufre con azúcar y una corteza de limón, que se hacía arder y tornaba la atmósfera irrespirable.
Aquellas personas de quienes se sospechaba que habían fallecido a causa del mal, rápidamente eran trasladadas al cementerio (situado frente al desaparecido laboratorio de las Salinas) y sin demora eran enterradas.
Libro historias y anécdotas de Torrevieja
Con posterioridad a este evento fue edificado el nuevo cementerio, trasladándose al mismo los restos humanos existentes en el anterior.

Con horror se descubrió entre ellos los de una joven cuyo rostro aparecía violentamente contraído y con las manos crispadas, clavadas las uñas en la cara. Se recordó entonces, que durante los días que siguieron al del entierro de la desdichada joven, se estuvieron escuchando desgarradores gritos procedentes del cementerio, motivo por el que los vecinos no se atrevieron a acercarse por allí para investigar su causa, temerosos de que se tratase de un alma en pena.


































