Leer la prensa extranjera es un privilegio que casi ningún cubano se puede permitir.
Esta ciudad remota y extraña se convirtió en mi mente en algo entrañable.
Conocí Torrevieja de una manera un poco casual, un amigo español pasaba sus vacaciones en mi casa de La Habana y, para mi fortuna, me dejaba un periódico ABC en la mesita del salón a su regreso a España.
Cuando vives en medio de la censura y el recorte de libertades, leer la prensa extranjera es un privilegio que casi ningún cubano se puede permitir. Esa mañana de 2010, me senté en la terraza con la brisa fresca de la mañana y con una taza de café Cubita en la mano, abrí al azar, aquel periódico que para mi sorpresa, tenía una decena de páginas, (el periódico oficial nuestro sólo tiene 4).
Tres años después, el azar me trajo aquí.
Las noticias en la página cultural hablaban acerca de una exposición de fotografías en un lugar de Torrevieja, el título ya adelantaba su naturaleza: Tu rostro, tu cultura. Apuré la lectura ávida de información y terminé hechizada. ¡Cuatro continentes se veían reflejados en el Certamen de Las Habaneras!
Era la mirada de los artistas a los rostros del mundo, la cultura de Europa visibilizando a los que pasan desapercibidos y un Certamen que hermanaba dos pueblos. Esta ciudad remota y extraña se convirtió en mi mente en algo entrañable.
Tres años después, el azar me trajo aquí. Torrevieja ya no era un lugar remoto y extraño, sino el espacio perfecto para comenzar de nuevo. Salgo a la terraza esta mañana, con mi taza de café Hacendado y el aire envuelto en sal me recuerda La Habana, y abro el periódico otra vez.
¡Soy feliz! pienso, otro rostro y otra cultura dentro de esta ciudad interminable!



































